Conduciendo por la autopista para venir a Sevilla a trabajar empezó a diluviar. Apenas veía nada, solo luces rojas de los frenos de los coches que circulaban a mi alrededor. En ese momento, un flash pasó por mi cabeza sobre la muerte. Pero en mi ipod comenzó a sonar Santana. No puede evitar decir “Morir escuchando Santana tiene que ser bonito“.
Si alguno de mis 10 visitantes diarios quiere aportar otras formas bonitas de morir tiene vía libre en los comentarios.